Don Amarillo

Una breve revisión de un color estimulante. Remitido a múltiples interpretaciones, hoy se presenta como un excelente recurso visual.

Hace varios años atrás un profesor de mi comisión de título me preguntó por qué todo mi proyecto era de color amarillo, si hasta mi corbata era amarilla. En la sala no faltaron las risas, pero más allá del daltonismo de mi profesor (pues todo era naranjo), quiero comenzar esta serie dedicada al color y no empezaré con el amarillo por ser un color primario, cuyo rango de luz se encuentra entre 565 y 590 nanómetros, o porque su coordenada en lenguaje HTML sea #FFFF00, simplemente porque quiero rendirle todo el homenaje que se merece a la tan retumbante corbata en cuestión.

Según Michel Pastoureau, en su “Breve historia de los colores” (2005), señala que el amarillo hoy no abunda en nuestra vida cotidiana pues por lo general suele citarse en último lugar de las preferencias y que en Occidente no se aprecia tanto como en Oriente que siempre ha tenido una connotación positiva asociado al poder, la riqueza y la sabiduría. 

La principal razón de este desamor se debe a la competencia desleal del dorado: con el tiempo, el color dorado absorbió los símbolos positivos del amarillo, todo lo que evoca el sol, el calor, la luz y, por extensión, la vida, la energía, la alegría, la potencia. El amarillo, al quedar sin su parte positiva, se ha convertido en un color apagado, mate, triste, que recuerda al otoño, la decadencia, la enfermedad. Pero, peor aún, se transformó en símbolo de la traición, el engaño, la mentira. Judas se representa con prendas amarillas, y en el siglo XIX a los maridos engañados se los caricaturizaba representándolos con corbata o trajes amarillos.

La depreciación del amarillo perdurará hasta los impresionistas, incluso en los cuadros fauvistas y arte abstracto. En las décadas de 1860-80, la paleta de los pintores cambia: pasan de la pintura en estudio a la pintura en el exterior, y hay otro cambio cuando se pasa del arte figurativo al semifigurativo, luego a la pintura abstracta, que utiliza menos matices. Este cambio de status del amarillo se produce a finales del siglo XIX, cuando se producen los grandes cambios en la vida privada y las costumbres.

El color amarillo a lo largo de la historia de Occidente ha tenido muchas más connotaciones negativas que positivas, aún así para Goethe es un color atrayente, pues es el color del sol y significa luz, claridad, fuerza, cercanía, atracción y afinidad. Es un color estimulante que posee una condición de optimismo, alegría, buen humor y buena voluntad, aún así cuando significara arrogancia. Para Kandinsky, el amarillo representa la locura violenta y Van Gogh tenía una especial predilección por este color, pues también es asociado a la iluminación mental y la claridad mental.

Hoy en día sigue siendo un excelente recurso, no solo para artistas visuales, publicistas o diseñadores gráficos al momento de desarrollar piezas visuales de gran impacto, como se aprecia en esta breve recopilación de muestras visuales. Pues al ser un color brillante, atrae la atención y nunca pasa inadvertido, además las combinaciones que utilizan el amarillo suelen ser cálidas y acogedoras que combinadas con una pequeña cantidad de rojo, crean tonos que son universalmente atractivos abarcando una parte más amplia del espectro emocional. Del mismo modo, con cantidades iguales de amarillo y azul, se produce un efecto de lozanía y vitalidad.

Hoy la particularidad del amarillo a veces puede decaer llevándolo a una función de semirrojo, el anaranjado o el dorado: es la tarjeta amarilla del fútbol, la vitamina C, pero como puede verse su uso va mucho más allá de ser sólo un complemento o de ser el color de las guías comerciales, taxis, la vestimenta de Kill Bill o una simple corbata amarilla, tanto su significado como su función utilitaria hoy es bien recibida al momento de distinguirse en la actual cultura visual que con tanta urgencia valora el ser visto.