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Guía práctica para encontrar musas

Sin excusas

Encontrar musas no es nada fácil, sobre todo en tiempos de sequía otoñal. Pues bien, qué hacer cuando se acaban imprevistamente las inspiraciones de un minuto a otro, las referencias se retiren y el café no surta efecto en una larga aparición de pormenores a la usanza vacilante. Para ello, qué mejor que poner a funcionar los hemisferios de nuestra vía láctea y comenzar a multiplicar algunas simples y útiles consideraciones. 

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Musas sin excusas

Voltear a nuestra derecha y mirar, si no hay nadie voltear a nuestra izquierda; no sin antes tirar siete veces de la oreja perpendicularmente girando según las manecillas del reloj y comenzar a utilizar asociaciones al ritmo de la multiplicación de oídos derivados de analogías simbólicas.

Abrir un ojo y cerrar el otro. Luego, en intervalos de tres segundos de acuerdo a gaviotas escuetas, repetir el proceso según sea la carga emotiva de la semana en cuestión. En principio puede resultar agotador, pero una vez que se consigue puede resultar altamente innovador. 

Erguirse sobre ambas piernas, agitar los brazos y no pensar absolutamente en nada por un periodo prudente. Minutos más tarde voltear silenciosamente y ver el mundo de otro modo. Ver que bien se siente. Repetir tres series de cinco, cada media margarita tres cuartos.

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Practicar nuevas opciones de vida mediante la fluidez y la originalidad animal. Escarbar máquinas al servicio de conceptos peculiares, extraer signos de radiofrecuencia sinfónica y elevar ideas al ritmo de divergencias precavidas. Todo potenciará la realidad en un ir y venir. 

Explorar búsquedas de inspiración en cuadros finos, colores cortados, puntos en rodajas y líneas salpimentadas. Disolver en agua y cocinar a inspiración suave hasta que suelte hervor creativo. Agregar y dejar por doscientos minutos más. Musas, a reservar. 

Aferrarse a una frase, seguirla, moldearla. Volver a dar una vuelta, reinventarla y apartarla de su origen por unos cuantos minutos.  Magullarla, macerarla y seguirla fijamente hasta encontrar su punto cardinal más exacto de acuerdo a coordenadas de creativa intervención.

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Mirar profundamente a los ojos. De cualquier tipo; del respectivo, del humano reactivo, de felpa inactivo, de plantas en periodo de climatización, de patatas sureñas del fin del mundo, del tercer ojo de invasiones con revolución. Cualquier ojo es bienvenido y musa de inspiración.

Apostar lúdicamente por nuevas intervenciones urbanas a medida que los semáforos en rojo permanezcan atentos a un nuevo cambio de señal. Crear escenarios es sumamente importante, pequeño, grande, patipequeño, plurigrande. Todo servirá para enarbolar a la musa que hay en ti.

Escuchar televisión, ver música mientras se rebobina una videocinta o se ejercita el telefax, puede ser una gran experiencia reconfortante. Todo dependerá del disfraz de pavo real que se utilice para el día de San Quintín, en caso contrario, otros absurdos estarán siempre a disposición.

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Ver actualidad, vecinos, novelas, espirales y personificar. Cada cierto tiempo un espiral asesino transformado en novela podrá aparecer en la residencia de vecinos, y eso sí será actualidad. Importante añadir cuotas de sentimiento, argumentación y sensaciones. Nadie saldrá herido.

Navegar en las redes, entretenerse en las redes, enredar en redes redescubriendo redes y enrevesar, rodar y enderezar. No descartar dosis de dramatización para cuando la alienación altere el descubrimiento. Cuotas de musas podrían reemplazar vacíos y hacer surgir la magia. 

Batir huevos y dejarse sorprender con los nuevos e increíbles formatos. Mayonesa, merengue, perfume de yema, mermelada de clara, espuma fluctuante de aspecto limón, masa homogénea de semblante melocotón. Todo puede suceder en este mundo proteico. Universos a precio de huevo.

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